21/12/2025
La desconfianza es el veneno del alma, que se desliza en silencio e invade poco a poco. Represiona el impulso, elimina el riesgo, pero también la suerte. Es un enemigo silente que acalla la razón y sabotea posibilidades, destrozando la probabilidad de búsquedas distintas. Si desconfiamos, dejamos de creer, nos volvemos escépticos, dubitativos, egoístas, protegiendo lo inprotegible, porque lo único seguro es que no hay seguridad ni garantías en este mundo pasajero y precario. ¿Cuántas ocasiones maravillosas que el destino nos ofrece se pierden por desconfianza? ¿Cuánto dolor infligimos a los que nos brindan verdadero amor por dudar de él? La vida es un eterno riesgo en el que a veces se gana y otras se pierde. Dejémosle espacio al destino, al universo, a Dios. No queramos controlar todo, porque sin duda ahuyentaremos a la suerte, y esta tomará otro camino más abierto, más claro. En su lugar, recibiremos soledad y amargura. Vinimos sin nada y sin nada marcharemos. Nada nos pertenece. Confiemos, entonces, con el corazón abierto y vivamos con ilusión el día de hoy, porque hay mucho más bueno que malo en este mundo. Solo se trata de confiar. Quien siembra confianza seguramente cosechará amor.
Reina Israel
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