02/09/2026
estos bancos tienen 18 años❤. Nos han dado mucho servicio, muchoss invitados. La madera se ha gastado, algunas partes se han aflojado, otras se han tenido que cambiar. Yo misma los he ido reparando poco a poco, cada vez que algo dejaba de funcionar.
Y eso me hace pensar en cómo hemos cambiado.
Ahora vivimos en una época en la que, cuando algo se rompe, muchas veces pensamos primero en reemplazarlo antes que en repararlo. Un banco, una silla, un aparato… y a veces hasta las cosas más importantes de nuestra vida.
Ya no queremos arreglar. Queremos estrenar.
Yo fui madre, fui esposa y también tuve que aprender a levantarme cuando las cosas no salían como esperaba. Hubo momentos en los que yo también me sentí cansada, desgastada, como estos bancos. Pero aprendí algo: estar gastado no significa estar acabado.
Hay cosas que merecen una segunda oportunidad.
A estos bancos les he puesto tiempo, paciencia y mis propias manos. No están nuevos. Se nota que tienen historia. Pero cada marca cuenta algo. Cada reparación significa que alguien decidió que todavía valían la pena.
Y quizá eso es lo que estamos olvidando.
Que no todo lo que se desgasta debe desecharse.
A veces hay que lijar, pegar, reforzar, pintar de nuevo y tener paciencia. Con los muebles, con los proyectos, con las familias y hasta con nosotros mismos.
Porque después de 18 años, estos bancos todavía están aquí.
Y mientras yo tenga fuerzas para repararlos, no pienso tirarlos.
Porque algunas cosas no valen por lo nuevas que son.
Valen por todo lo que han vivido y por todo lo que todavía pueden ofrecer.